viernes, 8 de noviembre de 2013

Reseña del concierto con Badaboum y M Violenza por Ojalá esté mi Bici

Teniendo en cuenta que tuvo lugar en las entrañas del montañoso barrio de Nou Barris (el segundo subnivel del parking del Edifici 15 0, en concreto), es difícil determinar si la nueva velada conciertil biker se desarrolló bajo tierra o en sus profundidades, pero, sin duda, las propuestas musicales eran de catacumba.
Estalactitas se podrían haber formado en el techo del sotano de Almagro con el ya clásico sampler inicial de tormenta de C-Utter, que dio paso a la oscuridad del ambient tenebroso generado por la maquinaria de Kike, acuchillado por las cuerdas del violín de Riegla, cuando no recubierto por el efecto, como bandadas de murciélagos, de sus reverberantes y cacofónicos juegos vocales (momento, eso sí, en el que el concierto, que llevaba una buena dinámica, pareció caer en punto muerto), dando cuerpo a una poderosa actuación completada por los toques escénicos del primero, oculto bajo su capucha y levantando su mano, con actitud entre mística y amenazante, de vez en cuando. Pesadilla antes de Tots Sants.

Y, ya que estábamos en fechas de fantasmas y monstruos, que ménos que recordar a Alien: sí, el bichejo pequeño que gustaba de atravesar pechos humanos no era, ni mucho menos, tan letal e implacable como su yo adulto, evolucionado, o lo que fuera que pasara con el pariente malrollero de E.T., pero algún mordisco podía meter. Las francesas Badaboum aún estarían en esa fase 'vital', ya que su post-punk mastodóntico era curioso e inquieto, si bien tenía mucha más voluntad que convicción, contundencia, o fluidez. De hecho, lo más llamativo del asunto es que ya tuvieran grupos antes! En resumen, no obstante, un 'bolo' agradable por el entusiasmo y la simpatía del trío galo (sin perder los nervios, además, con un dichoso bombo de batería imposible de falcar), y porque en gustos estilísticos e intenciones estructurales de los temas apuntan maneras.

Finalmente, con Maria Violenza ya no importó si el parking era hoyo, túnel, o madriguera, puesto que la italiana convirtió el lugar en la cueva de Alí Babá y los 20 Melómanos (cantidad aproximada de público que presenciamos este último concierto) gracias a su bailable, analógica, y electrónica propuesta rica en teclados vuduescos, repetitivos ritmos pregrabados, y, he aquí el quid del paralelismo, sonidos arabescos. Los loops, que habrían ayudado a darle más cuerpo y empaque a su sonido, casi nos los tuvimos que imaginar debido a su bajo volumen, pero, oigan, mis caderas no se acuerdan. Por algo será.

Texto: Arnau Espinach

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